Más de una vez he leído una máxima que genera dudas respecto a este tipo de corrección: «El estilo no se corrige». Pues bien, si no se corrige, ¿por qué existe la corrección de estilo? Este es solo un ejemplo de las muchas confusiones que rodean la figura del corrector y las funciones que desempeña. Por ello, con este texto quiero aclarar un poco qué se hace con el estilo.
Para empezar, en mi opinión el estilo sí se corrige, pero se hace de manera distinta en función de las características del texto que tengamos delante. En este punto me parece necesario recalcar que corregir no significa sustituir o eliminar, sino ayudar, perfeccionar.
La voluntad de estilo
Ante todo, es imprescindible atender a la cuestión de la voluntad de estilo. No es lo mismo una novela que un texto institucional como, por ejemplo, una circular de trabajo. En la primera, el autor es importantísimo; está claro que el novelista quiere dejar su huella en el texto. En la segunda, en cambio, es probable que ni siquiera figure la firma del individuo que la ha redactado; quien escribe una circular lo hace en nombre de un colectivo (la empresa) y no busca darle ningún toque personal al mensaje, sino transmitir una información de la forma más clara posible.
Como los textos son distintos, la corrección de estilo también deberá serlo. En el caso de la circular, no deberemos preguntarnos si la sintaxis compleja y el exceso de repeticiones son aspectos voluntarios; tal intencionalidad no debería existir, ya que va en contra del objetivo del texto. Si estos mismos aspectos los encontrásemos en un texto literario, el enfoque cambiaría totalmente. Puede que lo que antes fuesen defectos ahora representen recursos para reflejar la frustración o la fijación obsesiva de un personaje respecto de un tema. En ese caso, no se corregirán estas marcas de estilo, pues existe una voluntad clara en ellas.
El estilo personal también se puede mejorar
Con todo, no debemos dejarnos llevar por las libertades expresivas del arte. El estilo literario también se corrige. Cada escritor tiene su estilo, pero este no siempre se mantiene a lo largo de la obra; puede haber irregularidades, incongruencias o, directamente, errores gramaticales. Como dice Pilar Comín, «incluso cuando [un texto] ha salido de la mano de un profesional de la lengua, sea escritor, traductor o profesor, es necesaria la corrección, ya que nadie lo sabe todo y todo el mundo se equivoca» (Decálogo para encargar la corrección de un texto, p. 1).
Es decir, el estilo también es mejorable; y ahí entra el corrector de estilo. Todo lo que el autor pueda no haber visto (porque ya conoce el texto y lo lee con otros ojos, porque desconoce sus propios vicios, porque está tan inmerso en una idea que es incapaz de ver como se conecta con otra, etc.) debe subsanarse; y el corrector posee el distanciamiento, las herramientas y la pericia necesarios para ello.
¿Qué hace una corrección de estilo?
Después de esta pequeña reflexión, vamos a enumerar todos esos componentes del estilo que el corrector debe tratar. Como referencia uso el Decálogo de la Unión de Correctores, escrito por Pilar Comín, que se puede consultar en línea de manera gratuita. Así pues, la corrección de estilo:
- Elimina los errores e imprecisiones de vocabulario, a la vez que aumenta la riqueza léxica y suprime muletillas y vicios que interrumpen la lectura.
- Corrige errores ortográficos y morfosintácticos (discordancias, errores de pronominalización, falta de correlación entre tiempos verbales, etc.).
- Da fluidez, adecuación, cohesión y coherencia al texto (uso de conectores, pleonasmos innecesarios, orden de los elementos y las ideas, etc.).
- Aplica las directrices del libro de estilo, si el cliente dispone de uno.
- Puntúa el texto según las normas de la lengua y el estilo deseado (puntuación más trabada o más suelta).
- Vela por el carácter genuino de la lengua (corrección de estructuras poco habituales, calcos, posesivos innecesarios, plurales distributivos, etc.).
Otros artículos sobre el tema
No quiero sentar cátedra sobre el tema, este artículo, al fin y al cabo, es mi visión personal. Desde luego, no soy el único que ha hablado de la corrección de estilo, en internet pueden encontrarse muchas entradas que enriquecen y cuestionan lo que he dicho. Así que, si queréis leer más, os recomiendo estos dos textos:
- «¿Qué es la corrección de estilo?», escrito por Alfonso Ruiz y publicado en la web de Cálamo & Cran. En Cálamo, por ejemplo, opinan que el estilo no se toca (¡vaya, hombre!) y detallan aspectos importantísimos que hay que tener en cuenta cuando se corrige.
- «Corrección de estilo y ortotipográfica: diferencias», publicado por Mariana Eguaras en su blog. En este caso, Mariana explica la importancia de la corrección para garantizar un buen resultado editorial.
